domingo, octubre 15, 2006

Paraiso particular

De tu boca roja nació el verbo convertido en carne ante mis ojos. Un escalofrío transformado en puñalada al penetrar en el fondo de tu cuerpo.
Espiral de odio. Soy el pez que se muerde la cola cuando estoy en tí.
Carreteras de un solo sentido; y a la vuelta, luz ambar del semaforo. O aceleras mi vida o la frenas de golpe.
El abismo de tus manos quema más que el fuego del infierno, y en el corazón, quemaduras de tercer grado.
Cuida bien de no perder la noche, tras ella se esconden los sueños que sueño a veces despierta, otras veces son sueños insomnes de tiempo, de madrugadas negras y de estrellas asesinadas.
Mientras tanto, seguiré fumando mientras te espero. He de reconocer que nadie mejor que tu me habló tan bien del paraiso.
Quiero otra manzana por favor...

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